En términos coloquiales, se trata de educar antes de condenar a los fieles. La tradición magisterial de su orden se ha impuesto desde su ascensión al trono de San Pedro.
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| El papa durante su llegada a suelo Mexicano. |
Bergoglio es el Papa que busca al Espíritu Santo en los altares. Cosa rara, pues la mayoría de los príncipes de la iglesia veneran a la paloma en el logo del banco del Vaticano, por eso Eduardo Galeano creía que la tercera persona de la Trinidad, usaba saco y corbata mientras se paseaba por los pasillos de Wall Street: “In Gold we trust”, su lema.
En el fondo, ese es el tema de la agenda papal en esta visita a nuestro país, pero en la forma, Bergoglio tiene que ponderar la congruencia de su misión frente al desempeño del Cardenal Rivera y de la administración del presidente Enrique Peña Nieto.
Y es que desde que Constantino (el poder político) empoderó a la Iglesia (poder religioso), los ejecutores de los Profetas han compartido el pan y la sal con quienes dicen honrar su memoria. Ya desde ahí, el Cristo que nació pobre, para servir a los pobres, muriendo como un rebelde provocador del Imperio, fue sustituido por “príncipes” fascinados con el poder, los privilegios y la corrupción.
Sin embargo, desde la renuncia de Benedicto XVI, algo parece estar sacudiendo los cimientos de la Iglesia de Roma y es que Francisco, como buen Jesuita, ha decidido utilizar la pedagogía antes que el anatema. En términos coloquiales, se trata de educar antes de condenar a los fieles. La tradición magisterial de su orden se ha impuesto desde su ascensión al trono de San Pedro.

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